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Habitar la Indagación Apreciativa: creatividad, gozo y aprendizaje como experiencia viva.

Por Circe Peralta. México, 1 enero 2026.

“Cuando aprendes o enseñas algo eso nutre el corazón.”

Hoy es una oportunidad para celebrar y, al mismo tiempo, para abrirnos a otras maneras de habitar lo que significa ser parte del misterio que llamamos vida. Desde ahí, agradezco el inicio de este ciclo eligiendo la presencia y compartiendo algunos aprendizajes que para mi son profundamente transformadores.

El contexto personal desde el cual se teje este artículo se sitúa en junio de 2022. Me encontraba facilitando un diplomado de liderazgo conectivo en una universidad de Guadalajara y la mañana transcurría con entusiasmo: había lanzado algunas preguntas provocadoras sobre los valores de un liderazgo inspirador en la educación y el diálogo estaba vivo. De pronto, algo cambió…

Comencé a experimentar una alteración en mis sentidos-conciencia y una creciente incertidumbre ante lo que estaba ocurriendo en mi cuerpo. Minutos después, ya en la ambulancia, se desplegaba una carrera contrarreloj para recibir atención médica: había sufrido un derrame cerebral.

Ese acontecimiento marcó un quiebre profundo y, al mismo tiempo, abrió un umbral. Volver a aprender muchas cosas —a moverme, a escuchar el cuerpo y a habitar cada momento con otra cadencia— se convirtió en una experiencia radicalmente encarnada. Tras un año y meses de aquel acontecimiento, regresar a la escuela donde trabajaba, no fue únicamente un retorno profesional (facilitó procesos de creación, como atelerista), sino un acto emergente: reencontrarme con una de las extensiones más profundas de mi núcleo vital y reincorporar la creación como un proceso de sanación.

“Es un mar combinado con el espacio, el amanecer y el atardecer; eso siento cuando aprendo.” Inda Huerta Swoboda (9 años)

La Indagación Apreciativa puede ser habitada como una experiencia viva de aprendizaje, creatividad, gozo y relacionamientos comunitarios, a partir de la Cumbre Apreciativa “Amamos aprender: compartimos lo que nos apasiona”, realizada con niñas y niños de la Escuela Ameyalli, en Malinalco (2024), México.

Más allá de la aplicación metodológica de la Indagación Apreciativa, propongo comprender el aprendizaje como un acto ontológico, relacional y generador de sentido e identidad. Desde esta perspectiva, aprender implica integrar emoción, cuerpo, creatividad, vínculo, y se expresa plenamente cuando el juego y el compartir aquello que se ama se reconocen como fuentes legítimas de conocimiento.

Si bien la Indagación Apreciativa ha sido difundida ampliamente como una metodología de cambio, desde la cosmovisión del Paradigma Apreciativo su potencia transformadora se despliega cuando se vive como una ontología del ser humano y una epistemología del aprendizaje. Esto implica una comprensión de quiénes somos y cómo existimos en relación con otros, así como de la manera en que conocemos, aprendemos y damos sentido al mundo desde la experiencia vivida.

Circe Peralta

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