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Nutrir la conexión

Es valiente quedarse en la habitación. Permanecer cuando una conversación se torna incómoda. Reflexionar sobre una pregunta antes de apresurarse a responder. Simplemente estar presente el tiempo suficiente para descubrir que la historia de otra persona puede parecer tan lejana a la tuya y, aun así, albergar esperanzas, miedos y sueños familiares.

Nuestro mundo nos invita más que nunca a aislarnos en nosotros mismos y en las comunidades que reflejan exclusivamente nuestras propias creencias y experiencias. Sin embargo, algunas de nuestras mayores oportunidades de crecimiento surgen cuando mantenemos la curiosidad suficiente para explorar ideas que nos desafían, para relacionarnos con personas cuyas vidas se han desarrollado de manera diferente a la nuestra y para entablar conversaciones que se resisten a conclusiones fáciles.

Para tener conversaciones que nos conecten con aquel que es diferente, incluso con el que creemos conocer, es necesario crear entornos de confianza y seguridad. La seguridad es algo que construimos juntos. A través de la comunidad, el cuidado y la práctica compartida, se convierte en algo que podemos sentir, y no solo anhelar.

El mundo se siente incierto de maneras que muchos desconocíamos, y que otros, desde siempre habían experimentado. En momentos como este, la confianza y la seguridad no es algo que esperamos, sino algo que construimos. La construimos apoyándonos en lo que tenemos, extendiendo nuestra mirada hacia afuera y convirtiendo a desconocidos en amigos. Mediante prácticas sencillas y constantes de presencia y conexión, con preguntas apreciativas y conversaciones generativas, la seguridad se vuelve compartida.

Te invitamos a formar parte de esto con nosotros. A reunirnos, practicar y compartir aquello que te ayuda a sentirte enraizado y conectado. Juntos, expandimos y extendemos estos círculos concéntricos de cuidado.

Exploremos las muchas maneras en que fomentamos la conexión.

Una de las paradojas de nuestro tiempo es que sabemos muchísimo sobre el mundo, pero seguimos siendo extraños para nosotros mismos. Vivimos en una era de información constante, presenciando continuamente conflictos que se desarrollan en distintos continentes, tragedias en nuestras comunidades y las alegrías y dificultades cotidianas de desconocidos. Dedicamos incontables horas a intentar comprender qué motiva las decisiones, creencias y acciones de los demás. Sin embargo, toda relación significativa comienza mucho más cerca de casa. ¿Cómo podemos comprendernos verdaderamente si no nos hemos tomado el tiempo de comprendernos a nosotros mismos?

La autoconciencia va más allá del autodesarrollo. Es el proceso continuo de reconocer nuestros valores, miedos, esperanzas y las historias que dan forma a nuestra manera de desenvolvernos en el mundo. Es saber dónde están nuestros límites y cómo nuestras palabras, decisiones y acciones repercuten en la vida de los demás. El trabajo de comprendernos a nosotros mismos nunca es solo nuestro; sus efectos se extienden mucho más allá de nosotros. Un mundo más armonioso comienza ahí mismo, con la voluntad de mirar hacia adentro, rodeados de una comunidad de personas que buscan el autoconocimiento y que nos apoyan en nuestro camino. Al conocernos más plenamente, nos volvemos más accesibles los unos para los otros.

¿Por dónde empezamos?

Les recomendamos explorar el mindfulness relacional, la práctica de la indagación apreciativa, las ciencias contemplativas y la compasión. Cuando nuestra práctica profundiza en la contemplación, nuestro Self se abre a la Presencia. En ese momento vivimos el presente tal y como es, desde su mejor versión, sin proyecciones y sin tratar de controlarlo. La práctica consiste en generalizar este estado de Presencia, mantenerlo e irradiarlo.

¿Por qué prácticas contemplativas?

Elegimos esta herramienta de aprendizaje (ciencias contemplativas), porque supone un salto cualitativo en terapias psicológicas innovadoras y por su evidencia científica demostrada en la mejora del bienestar personal y de la Comunidad.

Las ciencias contemplativas, es decir, el estudio científico de las técnicas y enseñanzas de las tradiciones contemplativas, se está postulando como uno de los campos de conocimiento e investigación en neurociencias más importantes en los últimos años. Esta es la razón por la que varias universidades anglosajonas están desarrollando estudios específicos sobre el tema. Su cercanía a la psicología/psiquiatría, neurociencias, filosofía, religión y ciencias del comportamiento le convierten en una encrucijada del saber y un punto de encuentro de científicos de diferentes disciplinas.

Más información aquí.

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